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NEIKER estudia la fiebre Q para mejorar su control en animales y reducir el riesgo de infección en personas
3 noviembre 2026- El centro tecnológico analiza la presencia, la epidemiología y la diversidad genética de la bacteria Coxiella burnetii para mejorar las estrategias de vigilancia y control de esta zoonosis
Las enfermedades zoonóticas, que se transmiten entre animales y personas, plantean un reto sanitario que va más allá de la atención clínica o del control de los animales infectados. Además, en aquellos patógenos capaces de persistir en el medio ambiente y propagarse a través de él, resulta especialmente relevante estudiar las condiciones que favorecen su dispersión.
La fiebre Q es un ejemplo de esta problemática. Está causada por la bacteria Coxiella burnetii, cuyos principales reservorios son los rumiantes domésticos, especialmente ovejas, cabras y vacas. Aunque los animales infectados pueden no presentar síntomas, en los pequeños rumiantes, la infección puede provocar abortos, partos prematuros y el nacimiento de crías débiles. En las personas, la infección puede causar desde cuadros similares a los de una gripe hasta complicaciones más graves.
NEIKER lleva más de dos décadas investigando la presencia, la epidemiología y la diversidad genética de esta bacteria en las explotaciones ganaderas de nuestro entorno con el objetivo de desarrollar estrategias de vigilancia y control orientadas a reducir su presencia en los rebaños y el riesgo de transmisión a las personas.
“Una de las medidas más importantes para la investigación y control de los brotes humanos de fiebre Q es identificar su posible origen animal. Para ello, necesitamos conocer mejor la bacteria y disponer de herramientas de genotipado de alta resolución que permitan comparar C. burnetii en muestras humanas, animales y ambientales. También es fundamental una actuación coordinada desde un enfoque One Health”, explica Ana Hurtado, investigadora del departamento de Ciencia Animal de NEIKER.
Vías de transmisión y signos clínicos de la fiebre Q
Durante los partos y abortos, los animales infectados pueden eliminar grandes cantidades de Coxiella burnetii a través de la placenta, los fluidos vaginales y otros restos biológicos. Estos materiales contaminan el entorno, donde la bacteria puede permanecer viable durante largos periodos en el polvo, el estiércol y la materia orgánica. Además, puede dispersarse por el aire a varios kilómetros de distancia. En las personas, la infección se adquiere principalmente por inhalación de aerosoles o polvo contaminados.
“Aunque tradicionalmente la fiebre Q se ha considerado una enfermedad profesional asociada a la actividad ganadera o veterinaria, también puede afectar a la población general sin que exista contacto directo con animales, puesto que C. burnetii puede transmitirse a través del aire desde las explotaciones ganaderas a zonas urbanas”, afirma la investigadora. Alrededor del 60% de las infecciones humanas por C. burnetii son asintomáticas, pero cuando aparecen síntomas, estos suelen asemejarse a los de la gripe, con fiebre, dolor de cabeza, cansancio y malestar general. En algunos casos se desarrollan formas más graves de la enfermedad, como neumonía o hepatitis febril aguda y, con menor frecuencia, complicaciones neurológicas. Entre el 1% y el 5% de las personas infectadas pueden desarrollar una infección crónica grave, como endocarditis o infecciones vasculares.
Investigación bajo el enfoque One Health
La capacidad de la bacteria para propagarse entre animales, personas y el medio ambiente hace necesario coordinar la investigación desde el enfoque One Health, que integra estas tres dimensiones de la salud. En Euskadi, desde 2014, Salud Pública del Gobierno Vasco, Osakidetza, OSALAN, las diputaciones forales y NEIKER colaboran en la investigación de brotes humanos de fiebre Q mediante el análisis de muestras humanas, animales y ambientales para identificar el origen de la infección y las vías de transmisión.
“En nuestro entorno, las investigaciones realizadas han vinculado la mayoría de los brotes humanos con pequeños rumiantes, especialmente cabras. También han confirmado que la transmisión puede producirse a través del medio ambiente en lugares aparentemente alejados del contacto directo con animales, como los registrados en una planta de tratamiento de residuos, una fábrica de máquina-herramienta y una cueva natural en la que se produjo el mayor brote de fiebre Q descrito en España, que afectó a 108 personas”, exclama Hurtado.
Sin embargo, determinar el origen de la infección no siempre es sencillo. Para relacionar los casos humanos con una fuente animal o ambiental, es necesario disponer de herramientas que permitan comparar las bacterias detectadas en las distintas muestras. Con este objetivo, NEIKER ha participado en el proyecto europeo Q-NET-ASSESS, junto con instituciones de otros cinco países.
El proyecto estudia la diversidad genética de la bacteria mediante secuenciación genómica para comprender mejor la relación entre las distintas variantes genéticas de la bacteria, su capacidad para infectar diferentes especies animales y su potencial virulencia. Además, en este marco, se han comparado los protocolos para el diagnóstico de las causas de aborto en rumiantes y los procedimientos de investigación de brotes humanos. Los datos recopilados entre 2022 y 2024 confirmaron que C. burnetii es una de las principales causas de aborto en pequeños rumiantes.
La medida más eficaz para reducir el riesgo de infección en las personas consiste en detectar y controlar la enfermedad en los rebaños de rumiantes de manera temprana. Para detectarla se investigan los abortos declarados en las explotaciones ganaderas (vigilancia activa) y se realizan análisis serológicos y pruebas en leche de tanque en rebaños sin sospecha clínica aparente (vigilancia activa). Cuando se identifica un brote humano, también se estudian las explotaciones relacionadas con los casos para investigar una posible fuente de infección.
La detección de la bacteria permite orientar las medidas de control en las explotaciones. Entre ellas se encuentran la gestión adecuada de los restos de partos y del estiércol, la limpieza y desinfección de las instalaciones y el control de los movimientos de animales. La vacunación del ganado es otra alternativa que puede reducir la eliminación de la bacteria, aunque requiere programas mantenidos durante varios años.
“Como en Europa no hay una vacuna humana autorizada, reducir la circulación de C. burnetii en los animales es una de las vías para disminuir el riesgo de transmisión a las personas”, concluye la investigadora.




