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Marta Barral y Xeider Gerrikagoitia: “Vigilar la fauna silvestre permite detectar antes los riesgos y proteger la salud de animales, personas y nuestro territorio”

20 octubre 2026

 

 

 

La salud de la fauna silvestre está estrechamente relacionada con la de los animales domésticos y con la salud humana. Algunas enfermedades pueden transmitirse entre especies silvestres y ganaderas y, en determinados casos, también llegar a las personas. Conocer qué enfermedades están presentes en el medio natural, cómo se distribuyen y cómo evolucionan permite detectar posibles riesgos y mejorar su prevención. Marta Barral y Xeider Gerrikagoitia, investigadoras del Departamento de Ciencia Animal de NEIKER, trabajan desde hace 25 años en la vigilancia sanitaria de la fauna silvestre de Euskadi, una labor que, como explican, no consiste solo en “saber qué amenazas existen hoy”, sino también en identificar aquellas que podrían aparecer en el futuro.

¿Por qué es importante vigilar la salud de la fauna silvestre cuando hablamos también de salud humana y de ganadería?

Existen enfermedades que pueden afectar tanto a los animales domésticos como a la fauna silvestre y transmitirse entre ellos. Además, algunas también pueden transmitirse a las personas, por lo que se consideran zoonóticas.

Las zoonosis relacionadas con la fauna silvestre representan actualmente un importante problema de salud pública en todo el mundo. Su relevancia es cada vez más reconocida y se está poniendo de manifiesto la necesidad de prestar una mayor atención a este ámbito.

Esta conexión entre fauna silvestre, animales domésticos, personas y medio ambiente está en la base del enfoque One Health. ¿Cómo se aplica este concepto en vuestro trabajo diario de NEIKER?

El enfoque One Health resume la idea de que la salud humana y la sanidad animal están relacionadas entre sí y con los ecosistemas en los que conviven.

En nuestro caso, la vigilancia sanitaria de la fauna silvestre contribuye a conocer en profundidad la epidemiología de las enfermedades, el papel que desempeña la fauna silvestre en su mantenimiento y difusión y a prevenir la diseminación de enfermedades entre la fauna silvestre y la doméstica.

Cuando hablamos de vigilancia sanitaria, ¿qué se hace exactamente y qué información permite obtener?

Un programa de vigilancia permite conocer qué enfermedades están presentes en la fauna silvestre, con qué frecuencia aparecen y cómo se distribuyen por el territorio. Esta información puede variar mucho en función de la especie, la zona en la que se encuentre y la relación entre las diferentes especies domésticas y silvestres que habitan ese territorio.

Mantener este seguimiento en el tiempo permite observar cómo evolucionan las enfermedades y detectar la aparición de otras nuevas. También facilita la adopción de medidas de prevención y control cuando es necesario.

Un ejemplo reciente es la detección por primera vez en nuestro entorno del virus de la liebre parda como causante de una elevada mortalidad entre las poblaciones de liebres.

¿Qué enfermedades se vigilan actualmente en Euskadi?

Se vigilan de forma continua, enfermedades que pueden tener relevancia por varios motivos: porque pueden transmitirse a las personas, porque pueden afectar a la ganadería o por sus efectos sobre la conservación de la fauna silvestre. Entre ellas se encuentran la influenza aviar, la fiebre del Nilo Occidental, el virus de Newcastle, la tuberculosis, la brucelosis y distintas enfermedades que pueden afectar a la fauna silvestre o al ganado. Además, se realizan estudios puntuales sobre otras zoonosis, como la fiebre Q, la leptospirosis o el virus de Crimea-Congo.

Dentro de esa vigilancia, ¿qué especies requieren actualmente una atención especial?

Las aves requieren una vigilancia especial por su papel en enfermedades como la gripe aviar y la fiebre del Nilo Occidental. En el caso de la gripe aviar, las aves silvestres, especialmente las aves acuáticas migratorias, pueden actuar como reservorio y contribuir a la introducción y dispersión del virus. En Euskadi se han detectado en los últimos años varios casos de influenza aviar de alta patogenicidad en aves silvestres, por lo que resulta especialmente importante vigilar las poblaciones silvestres y prevenir el contacto con aves domésticas. En el caso de la fiebre del Nilo Occidental, las aves silvestres y migratorias contribuyen a la dispersión del virus, que se transmite a través de mosquitos. Se trata de una enfermedad que ya es habitual en el suroeste de Europa y que ha provocado brotes recurrentes en zonas de España como Andalucía y Extremadura, con casos principalmente en caballos y personas. Aunque en Euskadi no se han detectado casos, la expansión del virus hace necesario mantener la vigilancia en las aves silvestres

También requiere especial atención la enfermedad de Newcastle, que puede afectar a todas las aves y provocar un importante impacto económico. España registra brotes en aves domésticas desde finales de 2025, con sacrificios de animales y restricciones en la comercialización de sus productos.

El jabalí es otra especie que requiere vigilancia. Sus poblaciones se han expandido notablemente por el territorio y pueden estar relacionadas con numerosas enfermedades. Un ejemplo es la peste porcina africana, con un brote declarado en Cataluña a finales de 2025. Esta enfermedad no se transmite a las personas, pero es muy contagiosa, puede causar una elevada mortalidad en los jabalíes y existe riesgo de transmisión a los animales de las explotaciones porcinas, con un posible impacto económico importante.

El seguimiento de estas especies nos ayuda a identificar enfermedades y riesgos que podrían afectar también a la ganadería.

¿Existen casos concretos donde una detección temprana en fauna silvestre haya evitado problemas mayores en explotaciones ganaderas?

No tenemos un caso concreto en el que podamos decir que una detección en fauna silvestre haya evitado un problema mayor en una explotación. Sin embargo, la vigilancia permite actuar rápidamente cuando aparece un riesgo. Por ejemplo, cuando se detectan casos positivos de virus influenza de alta patogenicidad en aves silvestres, se informa inmediatamente a las autoridades y al sector .

La detección precoz de estos focos y la comunicación de la situación permiten reforzar las medidas de prevención y control necesarias para evitar que las explotaciones avícolas se vean afectadas.

NEIKER lleva 25 años trabajando en esta línea. ¿Cómo ha evolucionado este trabajo durante este tiempo?

En NEIKER empezamos en 2001 a estudiar de forma sistemática las enfermedades de la fauna silvestre. Desde entonces hemos ido ampliando el conocimiento sobre las enfermedades que afectan a las especies presentes en nuestro territorio y desarrollando protocolos y técnicas de diagnóstico adaptadas a la fauna silvestre.

Este trabajo continuado nos permite conocer mejor el estado sanitario de las poblaciones y estar preparados ante nuevas situaciones, facilitando la detección precoz de posibles enfermedades.

En esta línea de trabajo se enmarca VEPIFAUS. ¿Qué supone este proyecto para la vigilancia sanitaria de la fauna silvestre en Euskadi?

VEPIFAUS da continuidad a esta línea de trabajo mediante un programa de vigilancia sanitaria de las especies silvestres de Euskadi. Su objetivo es conocer la presencia y distribución de enfermedades de interés para la sanidad animal y la salud pública y mantener este seguimiento en el tiempo.

Llevamos 25 años trabajando en esta línea, desarrollando las analíticas necesarias para conocer el estado sanitario de la fauna de nuestro entorno. Mantener esta vigilancia año tras año nos permite estar preparados ante nuevas situaciones y facilita la detección precoz de posibles enfermedades.

Para que esta vigilancia sea posible, hace falta conocer lo que sucede sobre el terreno. ¿Qué papel desempeñan el sector primario y otros colectivos que están en contacto directo con la fauna?

El sector primario es un colaborador importante porque la salud de la ganadería está estrechamente relacionada con la de la fauna silvestre y con la del propio ecosistema. Los ganaderos y ganaderas pueden ayudarnos a detectar situaciones anómalas o posibles riesgos que afecten a los animales domésticos y que estén relacionados con lo que ocurre en el medio natural.

No obstante, en este proyecto nuestros principales “ojos” en el territorio son, sobre todo, los centros de recuperación de fauna silvestre, los guardas forestales y el colectivo de cazadores. Son quienes están en contacto directo con la fauna y pueden detectar animales con síntomas, mortalidades inusuales u otras situaciones que nos alerten de un posible problema.

Su colaboración es fundamental para mejorar nuestra capacidad de vigilancia y detección.

Mirando hacia el futuro, ¿qué retos plantean el cambio climático y la movilidad de las especies a la hora de anticipar nuevas amenazas?

Uno de los principales retos es que el cambio climático está modificando las condiciones en las que viven la fauna silvestre, los vectores y los patógenos. Cambian las temperaturas, los periodos de actividad o las zonas en las que determinadas especies pueden sobrevivir, y esto puede favorecer nuevas interacciones.

A esto se suma la movilidad de las especies, tanto por sus movimientos naturales, especialmente en el caso de las aves migratorias, como por los desplazamientos asociados a la actividad humana. Estos movimientos pueden facilitar que enfermedades lleguen a nuevos territorios y entren en contacto con especies que hasta entonces no habían estado expuestas.

El gran reto es anticiparnos; no solo conocer las amenazas que existen hoy, sino identificar qué cambios en el territorio, en la distribución de las especies o en las condiciones ambientales pueden favorecer nuevos riesgos. Para ello necesitamos combinar la información sobre fauna silvestre, vectores, medio ambiente y ganadería.

Para terminar, ¿qué mensaje trasladaríais a la Administración, a profesionales del sector? y a la ciudadanía sobre la importancia de mantener esta vigilancia?

Es importante mantener y continuar con la vigilancia de la fauna silvestre para detectar antes los riesgos y proteger mejor la salud de los animales, las personas y nuestro territorio.

Para ello resulta imprescindible la colaboración entre los diferentes profesionales, pero también la colaboración ciudadana. Si se detecta un animal salvaje enfermo o muerto, es importante evitar acercarse o manipularlo y avisar cuanto antes para que pueda ser recogido de forma segura.

Entre todos podemos contribuir a detectar posibles riesgos de manera temprana y mejorar la protección de nuestra fauna y nuestro entorno.

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