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Roberto Ruiz: “El impacto de nuestra I+D no debe medirse solo en ‘papers’, sino en el retorno real para el sector y el territorio”
4 septiembre 2026
Tras liderar el departamento de Producción Animal, Roberto Ruiz asume la dirección de Impacto Territorial de NEIKER. Con esta nueva área estratégica, el centro tecnológico busca acelerar la transferencia de ciencia y tecnología hacia el sector agroganadero y forestal, garantizando que la investigación se traduzca en soluciones rentables, sostenibles y con impacto real.
Tras una etapa liderando el departamento de Producción Animal, asumes ahora la dirección de Impacto Territorial. ¿Qué implica este concepto?
Es evidente que el sector se encuentra en un momento muy complicado y tiene que hacer frente a retos muy exigentes, como la falta de relevo generacional o el cambio climático, entre otros, ante los que es preciso actuar urgentemente. En ese contexto, la transferencia rápida y efectiva del conocimiento que generamos adquiere una relevancia fundamental.
Al mismo tiempo, la sociedad demanda cada vez más que se demuestre el impacto real del dinero invertido en I+D, en nuestro caso sobre el sector y en el territorio. Por eso, el concepto de impacto va más allá del número de “papers” publicados o de la participación en congresos, y se centra en el retorno que generamos en términos técnico-económicos, ambientales y sociales.
Hablamos de cómo contribuimos a hacer más competitivas las unidades de producción agraria, o los baserris, a generar empleo y a conservar los ecosistemas de Euskadi.
Una de tus misiones principales será reforzar la transferencia de conocimiento. ¿Cómo se consigue que la investigación se traduzca en soluciones reales para el sector?
Cuando se planteó crear el área de Transferencia en NEIKER, el objetivo era poner las capacidades del centro al servicio de las empresas y, en gran medida, aumentar la financiación bajo contrato. En ese sentido, se ha hecho y se sigue haciendo un trabajo muy importante, también en la identificación de necesidades del sector.
Con esta nueva estructura, el objetivo es reforzar ese trabajo, porque la transferencia no debe entenderse como una fase final de la investigación, sino como algo que debe estar presente desde el inicio. Es necesario implicar a los agentes del sector, como personas productoras, asesoras, cooperativas, industria o administraciones, para identificar sus necesidades y, a partir de ahí, orientar los proyectos.
De este modo, nuestra investigación solo puede generar impacto si responde a problemas reales y si las soluciones son aplicables, rentables y asumibles en el día a día. Esto implica desarrollar herramientas útiles, nuevas prácticas de manejo, tecnologías accesibles y también actividades de formación.
Además, es fundamental acercar el conocimiento al terreno mediante espacios de demostración y validación, como fincas piloto, proyectos colaborativos o ensayos en condiciones reales. En este sentido, la estrategia de NEIKER se apoya en el plan BERRITZEN, estructurado en tres ejes: IDEIAK, centrado en la identificación de necesidades del sector; PRAKTIKAK, orientado a la implementación de soluciones en condiciones reales; y GUNEAK, enfocado en ensayos a largo plazo en espacios propios. Todo ello requiere mantener una relación constante y fluida con el sector, porque la transferencia solo funciona si se diseña desde el inicio de forma colaborativa.
Medir el impacto científico ya no es solo contar artículos científicos ¿Cómo se evalúa el retorno real de la investigación?
Medir el impacto de nuestra I+D implica ampliar la mirada. No se trata solo de contar publicaciones, aunque sean importantes, sino de entender qué cambia gracias al conocimiento que generamos y para quién.
Por ejemplo, una variedad de patata resistente al cambio climático puede reducir costes en fitosanitarios o mejorar el margen neto en una explotación. En el caso de una nueva tecnología, el retorno se traduce en un menor número de horas de trabajo. Por lo general, el impacto se refleja en mejoras de productividad, reducción de costes, creación de actividad económica, empleo o indicadores ambientales.
En este sentido, el reto está en disponer de información real del sector, lo que exige una mayor cercanía con los agentes. Además, hay impactos que no siempre son inmediatos y que requieren otras formas de evaluación, como la mejora en la toma de decisiones públicas, el fortalecimiento del tejido sectorial, la mejora de capacidades profesionales o la mayor resiliencia de los sistemas productivos.
Con el cambio climático y la transformación digital en marcha, ¿cuáles son las prioridades más urgentes del sector agroganadero y forestal vasco?
El cambio climático ya está generando efectos visibles, como olas de calor más intensas y menos precipitaciones, lo que obliga a adaptar el manejo de cultivos, las fechas de siembra, el riego y las instalaciones ganaderas para reducir el estrés térmico.
En paralelo, es necesario avanzar en el desarrollo de variedades más resilientes, en mejoras de la alimentación animal y en la gestión de los sistemas productivos, mientras que los programas de mejora genética ya identifican individuos más tolerantes, aunque con resultados a medio plazo.
En el ámbito de la digitalización, la prioridad es incorporar sensores validados que permitan monitorizar cultivos y animales y generar datos de calidad, a partir de los cuales la inteligencia artificial puede facilitar la toma de decisiones mediante herramientas como sistemas de alerta temprana.
Todo ello debe contribuir a mejorar la eficiencia, la competitividad y la sostenibilidad del sector, junto a un reto estructural urgente: garantizar el relevo generacional y la viabilidad económica de las unidades de producción agrícolas, ganaderas y forestales, ya que sin rentabilidad ni condiciones atractivas cualquier avance tendrá un impacto limitado.
Para que la innovación funcione, tu dirección buscará desarrollar alianzas estratégicas. ¿Por qué es imposible concebir la investigación científica actual de manera aislada?
La investigación en el primer sector no puede abordarse de forma aislada porque los retos son demasiado complejos. El cambio climático, la sostenibilidad o la digitalización requieren conocimiento compartido y capacidades complementarias.
Las alianzas con empresas, cooperativas, asociaciones, administraciones y otros centros permiten conectar mejor los proyectos con las necesidades reales, acelerar la transferencia y validar soluciones en entornos reales. Además, ayudan a generar confianza y a multiplicar el impacto.
Las redes europeas, por su parte, permiten anticipar tendencias y acceder a conocimiento puntero, pero es igual de importante mantener el arraigo local para asegurar que la innovación responde al territorio.
Mirando al futuro, ¿cuáles son los principales retos para consolidar esta nueva dirección?
A corto plazo, el objetivo es consolidar el equipo de trabajo junto con las áreas de Transferencia y Bioeconomía, reforzando la coordinación interna. También se está haciendo un esfuerzo especial en el sector vitícola, donde NEIKER cuenta con experiencia y reconocimiento, y en el que ya estamos trabajando en alianza con EDA Drinks & Wine Campus.
A medio y largo plazo, el reto es consolidar una estrategia de transferencia estructurada, medible y cercana al sector. Esto implica reforzar el contacto con cooperativas, industria y administraciones para orientar la investigación hacia soluciones con impacto.
Otro desafío importante es avanzar hacia una cultura de evaluación del impacto, no solo en términos de actividad investigadora, sino de transformación real en el territorio en lo económico, ambiental y social. Y, al mismo tiempo, seguir fortaleciendo las alianzas tanto locales como europeas.
A nivel personal, ¿qué te motiva a asumir este nuevo reto dentro de NEIKER?
Me motiva en especial la dimensión transversal de este reto y la oportunidad de ampliar el marco de trabajo para que el conocimiento llegue al sector con un impacto más directo en el territorio. Existe una gran oportunidad para reforzar el vínculo entre la investigación y sus beneficiarios, desde las personas productoras hasta el conjunto de agentes del sector y la ciudadanía.
También es un reto ilusionante porque me permite trabajar de forma más transversal, conectando equipos, proyectos y agentes distintos, y ver cómo ese trabajo se traduce en mejoras concretas en el día a día del sector agroganadero y forestal de Euskadi.




