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El uso de cubiertas vegetales en el viñedo como solución ante fenómenos climáticos extremos
18 marzo 2026- NEIKER analiza el impacto de diferentes manejos de suelo en Rioja Alavesa para mejorar la fertilidad y reducir la erosión de las parcelas.
Altas temperaturas, lluvias torrenciales y periodos de sequía condicionan el desarrollo del viñedo. Ante la mayor frecuencia de estos fenómenos climáticos, el sector vitivinícola busca estrategias que aseguren la protección y la conservación del suelo. En este contexto, el centro tecnológico NEIKER evalúa diferentes manejos de suelo en una parcela experimental en Elvillar, en concreto con la bodega MAISULAN de Rioja Alavesa.
Esta investigación, que cuenta con seis años de trayectoria, une los objetivos de dos proyectos estratégicos del centro: VITISAD II, que busca soluciones agronómicas para adaptar el viñedo al cambio climático, y VinAE, centrado en monitorizar la salud integral del suelo.
En este marco, el ensayo compara cuatro estrategias: el laboreo convencional, la cubierta vegetal espontánea permanente que mantiene la vegetación natural de forma continua, un manejo combinado de ambos y, desde el año pasado, una alternativa que consiste en mantener la cubierta vegetal aplicando un pase de subsolador. Esta técnica permite intervenir en las capas profundas del suelo para mejorar su estructura, favoreciendo la aireación y la infiltración del agua, sin eliminar la cubierta vegetal superficial, que actúa como protección frente a la insolación y al impacto directo de la lluvia.
Impacto en la fertilidad y protección física
Como consecuencia de los ensayos realizados con los diferentes tratamientos, los resultados obtenidos entre 2020 y 2025 confirman que una gestión del suelo menos agresiva frente al laboreo convencional mejora sensiblemente los indicadores de calidad de la parcela. En concreto, la materia orgánica en las capas superficiales ha ascendido del 1% al 1,85%, lo que refuerza la estructura del terreno y mejora su capacidad para retener agua y nutrientes.
Además, esta mayor estabilidad química y estructural del suelo tiene, a su vez, una incidencia directa en su protección física. Al favorecer la materia orgánica una mejor estructura y estar el suelo más protegido por la vegetación, se evita que el agua de lluvia arrastre la tierra fértil.
Según señala Roberto Pérez Parmo, técnico de NEIKER, “la presencia de la cubierta vegetal funciona como un freno natural: las raíces sujetan el terreno y la cubierta amortigua el impacto del agua, lo que reduce la erosión hasta seis veces respecto al suelo labrado y permite conservar la fertilidad de la parcela a largo plazo”.
Sin embargo, para que la presencia de vegetación no comprometa el rendimiento del cultivo, la investigación subraya la importancia de un manejo equilibrado. Dado que la hierba compite por los recursos hídricos y puede reducir el vigor de la vid por encima del 20%, se recomienda una implantación progresiva.
“Una de las fórmulas más eficaces para lograrlo es alternar las calles del viñedo, manteniendo la cubierta vegetal en una y labrando la contigua. De este modo, se obtienen los beneficios de la protección del suelo sin penalizar en exceso la capacidad productiva de la planta”, apunta Ana Aizpurua, investigadora del departamento de Producción y Protección Vegetal de NEIKER. El objetivo es buscar un equilibrio de especies que se adapte a la zona para conseguir una buena implantación y cubrición del terreno.
Certificación de los beneficios
Aprovechando la trayectoria de este ensayo, el equipo de Salud de Suelos del centro ampliará el estudio para analizar parámetros biológicos avanzados que permitan demostrar cómo un suelo activo presta servicios esenciales al cultivo, como la mejora de la nutrición natural o la protección ante plagas.
Tal y como señala Lur Epelde, investigadora del Departamento de Conservación de Recursos Naturales de NEIKER, “está previsto observar otros parámetros como la biodiversidad genética de hongos y bacterias, la macrofauna o la actividad biológica del terreno”. Además, en colaboración con el equipo de Biodiversidad, se plantea realizar un inventario de las plantas de la cubierta y estudios sobre la fauna auxiliar (insectos beneficiosos) para comprobar cómo este manejo crea un ecosistema más robusto y autónomo frente al cambio climático.




